Bloqueo de EE.UU.: Hemingway ya no toma ron (+Infografía)

Los norteamericanos no pueden saborear el afamado ron cubano, una bebida que Ernest Hemingway hizo más popular con su afición al daiquirí…Dicen los que lo conocieron, que Ernest Hemingway, el afamado escritor norteamericano y ganador de un Premio Nobel de Literatura, era un fuerte bebedor, en especial de daiquirí, la refrescante bebida en cuya base está el ron cubano.

El emblemático bar restaurante El Floridita, tuvo como huésped ilustre a Ernest Hemingway.

El emblemático bar restaurante El Floridita, que en junio último cumplió 195 años y donde al decir de muchos se prepara el mejor daiquirí del mundo, tuvo como huésped ilustre al novelista, quien acostumbraba a beber el Papa Special, un daiquirí doble sin azúcar y bien cargado de ron.

Asiduo visitante de la singular instalación habanera, Hemingway acostumbraba a llevar por las noches a invitados del calibre de Errol Flyn, Ingrid Bergman, Ava Gardner, Spencer Tracy y a toda una constelación de estrellas de las letras, la plástica, la música o el deporte.

La buena calidad del ron cubano era conocida desde antes por los norteamericanos, quienes durante el período de la Ley Seca, entre 1920 y 1933, venían a beber los fines de semana a La Habana, pero esa fama fue afianzada por el escritor, quien sin saberlo, o tal vez sabiéndolo, popularizó aún más el producto que se obtiene de la destilación de los fermentos de la caña de azúcar.

Sin embargo, la hostilidad de Washington hacia Cuba, que tuvo colofón en el establecimiento del bloqueo en febrero de 1962, impide hoy el acceso del ron Havana Club al mercado estadounidense, que consume el 40 por ciento de las bebidas espirituosas del planeta.

La imposibilidad de vender en Estados Unidos hace que Cuba deje de ganar unos 120 millones de dólares, según asegura Juan González Escalona, presidente de la corporación Cuba Ron, que en unión del grupo francés Pernod Ricart, conforma la empresa mixta Havana Club International S.A. (HCI).

La industria ronera cubana tiene capacidad de añejamiento y producción para asumir los retos de la creciente demanda de esa bebida en el plano internacional, incluso para responder a toda las solicitudes que pudiera hacer el mercado estadounidense en caso de que se levantara el cerco económico contra la isla.

El empresario asevera que entonces se podrían exportar cada año al mercado estadounidense, sin ninguna dificultad, una cifra superior a los dos millones de cajas de Havana Club, con la ventaja adicional que ofrece para Cuba la cercanía geográfica de ese espacio comercial.

Pero lo peor es que las leyes del bloqueo han servido para facilitar el robo de la marca cubana Havana Club por parte del consorcio Bacardí, a pesar del fallo contrario del órgano de Solución de Diferencias de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

En 1997, Bacardí logró que el Congreso de Estados Unidos aprobara la llamada Sección 211 como una percha a la Ley Federal de Asignaciones del Presupuesto y que es relativa al registro, renovación y protección en ese país de marcas de fábrica y nombres comerciales relacionados con activos nacionalizados en Cuba.

Esa disposición, que Bacardí logró a golpe de billetera, impide que titulares cubanos, o sus sucesores como empresas mixtas con entidades cubanas, puedan contar con el disfrute y reconocimiento de los derechos sobre marcas o nombres comerciales registrados y protegidos en la isla.

Desde 1995, Cubaexport, de conjunto con Pernod Ricart, ha defendido el derecho a registrar la reconocida marca en territorio norteamericano, lo que encontró respaldo en el Panel de Solución de Diferencias de la OMC, que falló contra Estados Unidos y reclamó la eliminación de dicha disposición que consideró ilegal.

Sin embargo, el 14 de mayo último, la Corte Suprema estadounidense, al amparo de la nefasta Sección 211, denegó a Cubaexport la posibilidad de defender su derecho a registrar la marca Havana Club ante la Oficina de Registro de Marcas y Patentes.

Antes, la no menos nefasta Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés) se negó a otorgar a la empresa cubana la licencia que le permitía renovar la marca registrada en Estados Unidos desde 1976 hasta 2006.

El bloqueo permite todos esos disparates legales, que transgreden hasta la sacrosanta libertad comercial del capitalismo contemporáneo, pero que sobre todo dañan a nuestra economía, que en definitiva es dañar al pueblo.

Pero no se puede perder de vista el hecho de que también los norteamericanos son víctimas de la obsesión de Washington, que en este caso les impide saborear uno de los mejores productos cubanos, algo que hoy obligaría al mismísimo Hemingway a dejar de tomar ron.


Cubahora

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